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ENTREVISTA A MIQUEL BRUNET

Nuestro camino se cruzó con Miquel Brunet en junio de 2022, cuando decidimos grabar una obra muy especial para nosotros: Andante et Scherzo de Eugène Bozza. Al final de un camino de tierra en Bunyola, en un día de mucho calor, entramos en el estudio de grabación ONA Estudis por primera vez, que era una parte de la propia casa de Miquel Brunet. Allí no solo nos encontramos con una colección sorprendente de artefactos tecnológicos e instrumentos musicales, sino también a una persona que acabaría siendo un referente personal y profesional para nosotros. Trabajar con él fue una experiencia remarcable, de estas que finalizan y solamente puedes pensar en la siguiente. En el año 2023, también en verano, volvimos a grabar dos piezas más en el estudio de Miquel y compartimos varias jornadas de intensas grabaciones y aprendizaje con él. No podíamos dejar la oportunidad de entrevistar a una de estas personas que han dejado marca en el camino de Lítore Quartet y que consideramos tan relevante en la vida musical de Mallorca, que sentimos como nuestra casa.


Esperamos que disfrutéis de esta interesantísima entrevista y que os contagiéis de las palabras de Miquel, llenas de pasión y amor por la música y la cultura de las Islas Baleares.


Miquel Brunet en su estudio de grabación



¿Cuál fue tu primer contacto con la música?

De niño, en la década de los 70 tuve la suerte de cursar los estudios en un internado, La Porciúncula, donde un franciscano visionario y entusiasta que practicaba un eclecticismo intelectual nada usual en la época, me inculcó la pasión por la música en una múltiple vertiente: el amor a Bach, el Jazz y la música electrónica a partes iguales. En un marco de estudio y naturaleza, de recogimiento y descubrimiento, este fraile, tenía un taller donde construía entonces sus propios amplificadores, tablas de mezcla e instrumentos eléctricos. Estos aparatos eran los que utilizábamos para tocar unas misas experimentales que desde Roma nos enviaba el también compositor franciscano Antoni Martorell, que entonces estudiaba allí con Ennio Morricone. Para mí, que en plena dictadura, venía de un pueblo pequeño, a la edad de diez años y en lo sucesivo a todo aquel entorno me impactó y marcó. Cuando acabábamos las clases de piano, pasábamos horas escuchando y comentando vinilos con las elucubraciones electrónicas de Wendy Carlos con el sintetizador Moog, la integral de las Cantatas de J.S. Bach, Jacques Loussier, rock sinfónico, Duke Ellington y música contemporánea de Halfter y Stockhausen. Todo un lujo en aquellos tiempos de oscuridad intelectual del franquismo. Y allí empecé a prepararme para examinarme de piano en el Conservatorio, mientras tocaba el contrabajo con un grupo de alumnos.


Durante toda tu carrera has defendido y promocionado la cultura mallorquina, especialmente en el ámbito musical. ¿Cuándo y por qué nace esta intensa conexión con la música de tu tierra? ¿Por qué es tan importante para ti difundir el patrimonio cultural mallorquín?

Vivimos en unas Islas donde el aumento de la presión demográfica y el impacto del turismo, ha tenido un efecto depredador en la lengua y cultura propia. Y yo, adoro la diversidad cultural y de pensamiento. El año 1978, a la edad de diecisiete años, dirigía una coral y me vino a buscar el grupo Los Valldemossa, (tres hermanos mallorquines y una cantante norteamericana), que después de pasar por Eurovisión, como viajeros infatigables, ejercieron de embajadores musicales de Mallorca por todo el mundo. Con ellos pude viajar a lugares que nunca habría imaginado, (Estados Unidos, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, América del Sur, Islas del Pacífico Sur, y por supuesto en todo Europa), exhibiendo con orgullo nuestra identidad musical con repertorio muy variado, pero dónde siempre predominó la adaptación que hacíamos de música de raíz y la tarea de musicalización de poetas catalanes y mallorquines. Entendí entonces, en cada retorno a casa, después de admirar tanta diversidad, que la mejor manera de ser universal y no ser tragado por la globalización, es aportar al transculturalismo una identidad cultural propia, en vez de imitar a otros.


Ahora más que nunca, todavía pienso en la imperiosa necesidad de tener un sonido distintivo y genuino, que como colectivo sociocultural nos defina y nos identifique como pueblo. Así pasa en muchas otras culturas y sociedades del planeta por las cuales mostramos devoción por su música y cultura, mientras ninguneamos nuestra identidad. A esta tarea, amar y promover el sonido de las Islas, dediqué mi proyecto FERMENTS (2015) un proyecto artístico multidisciplinario que, en un doble disco y documental en DVD, reflexiona sobre la identidad sonora y musical de los mallorquines a partir de la enología, la gastronomía, la danza, la poesía, y evidentemente, la música.


Te formaste en piano, armonía, jazz y música contemporánea en el Conservatorio Superior de las Islas Baleares. ¿En qué punto de tu vida conectaste con el ámbito de la producción musical y la grabación sonora?

Entonces (hablamos de la década de los setenta) en el Conservatorio no se impartían estas materias. Estudié piano y armonía, sí. Pero mis estudios coincidieron en el momento en que el grupo Los Valldemossa, delegaron en mí las tareas de dirección musical y la producción y arreglos de nuevos repertorios. De su mano, cuando ellos ya tenían una gran experiencia discográfica, especialmente en Londres, Barcelona y Madrid, entré al mundo de los estudios de grabación de la época (en 79-80 no existía el concepto de "home-studio"), y resurgió la conexión con aquel impacto que la electrónica y la tecnología me provocó en los años de estudio en La Porciúncula. Era la época de grandes consolas y micrófonos de una calidad excepcional y los discos se grababan con una seriedad y rigor encomiable. Me fascinaba la idea de dejar constancia sonora de las creaciones.


En aquel momento en Mallorca no había formación académica en este aspecto, por eso el rodaje por diferentes estudios profesionales fue muy provechoso. Años después, (del 2006 al 2012) tuve el privilegio de ser profesor y de impartir las asignaturas de Electroacústica y Composición con medios Audiovisuales en el Conservatorio Superior de las Islas Baleares a alumnos que también se interesaban por la tecnología musical, y lo disfruté mucho, porque conté con el feedback de unos alumnos excepcionales con quién compartir conocimientos y vivencias, y con quienes guardo una muy buena relación. Algunos de ellos forman parte todavía hoy de la plantilla de músicos de mis proyectos y conciertos.


¿Con qué objetivo nace ONA Estudis en 1991?

A lo largo de la década de los años ochenta, invertí mucho (casi todo lo que ganaba), en montar un estudio de música electrónica, exprimiendo al máximo la evolución tecnológica musical que conectaba los instrumentos analógicos con el advenimiento de la tecnología digital. Coincidió con la transición de la síntesis analógica al nuevo protocolo del MIDI y la síntesis digital. Aún conservo la mayoría de instrumentos y periféricos de aquellos años. En un momento dado, me planteé la posibilidad de, además de componer con electrónica, grabar obras de otros y editar propuestas musicales relevantes de nuestra cultura, sin cerrarme a proyectos de cualquier procedencia, y en 1991 fundé ONA Edicions Musicals. Estos fueron años de grabar y publicar muchos discos con nuestro sello, especialmente de música clásica, jazz y de raíz tradicional, con una mirada preferente a los compositores isleños. A día de hoy el catálogo de ONA (entre ONA Edicions y ONA Digital) se acerca a las cuatrocientas referencias publicadas en diferentes apoyos y formatos. La satisfacción que experimentaba al presentar estas producciones cada año al MIDEM de Cannes en Francia a lo largo de muchos años no tiene precio. El MIDEM ha sido el punto de encuentro del sector discográfico mundial más importante, y fui casi veinte años con el orgullo de aportar un grano de diversidad y genuidad al panorama global de la música editada.


Por tu estudio de grabación han pasado muchos artistas y diferentes formaciones musicales. ¿Qué diferencias encuentras entre unos y otros en la hora de trabajar? Por ejemplo, ¿qué diferencias encuentras entre una sesión de grabación realizada con un grupo de música clásica y otra realizada a un grupo de jazz o pop?

El primero que me viene a la cabeza, por los procedimientos empleados, son los conceptos de "síncrono" versus "asíncrono", dos modalidades, ambas para mí válidas y emocionantes. La grabación asíncrona multipista por separado, donde no coinciden a la vez todos los intérpretes tiene la peculiaridad de una mayor experimentación en todos los sentidos: posicionamiento microfónico, proximidad/lejanía, investigación de efectos y sonidos manipulados, doblajes de líneas sonoras y unas posibilidades de rearreglos y creación casi ilimitadas. En este caso, nunca me cuestiono si aquello será realizable en directo o no, del mismo modo que una película no es lo mismo que una obra de teatro. Lo importante es la creación sonora y tímbrica.


En cambio, en la grabación de la clásica y del jazz, el objetivo es capturar la magia del momento más inspirador, que acontece de la complicidad de los intérpretes y tratar de interferir lo menos posible en lo que quieren comunicar. Este proceso tiene su complejidad, porque tienes que estar preparado para dinámicas imprevisibles y momentos irrepetibles. Es muy estimulante. Y a pesar de que algunos son reticentes a las grabaciones de clásica en el estudio, a mí me gusta valorarlo, por el alto nivel de autoexigencia interpretativa que comportan, y el ambiente de tensión motivadora que genera el hecho de que te graben. Los directos tienen la falsa cobertura de la parte visual, que distrae la atención del oyente de lo estrictamente sonoro. Digamos que los errores en directo, son menos errores. En cambio, en un disco de estudio que se perpetuará en la historia, el valor de la comunicación está íntegramente reservado a la música y a la calidad del intérprete, y esto es muy enriquecedor y exigente para él o ella. Y sobre todo, un directo es para un momento, mientras que un disco es para siempre. ¿¿Qué haríamos sin algunas grabaciones históricas??


Contigo, tuvimos el placer de grabar tres obras: Andante et Scherzo de Eugène Bozza en 2022, Fragments Striés de Hèctor Parra y Der Blutige Schaffner de Robin Hoffmann en 2023. ¿Cómo ha sido trabajar con nosotros? ¿Cómo valoras el resultado final?

Grabar con Lítore Quartet ha sido una de las mejores experiencias en mi vida profesional. Desde el principio me cautivó el rigor y la seriedad de un ensemble tan joven, a la hora de enfrentarse a una partitura y su grabación. Recuerdo muy bien el clima de respeto y profesionalidad que se respira en el estudio cuando Lítore Quartet entra por la puerta. Lo hacen con la elegancia de quien entra en un lugar sagrado o de culto y todo deriva en una actitud de gran responsabilidad para la actividad que vayáis a hacer. Son obras de una gran dificultad, y que piden un gran control interpretativo que podría menguar el ánimo general cuando algún fragmento se pone en contra al grabarlo. Pero nunca percibí en los miembros de Lítore Quartet el más pequeño desaliento, y sí, en cambio, una situación de gran control interpretativo y de profundo conocimiento de la obra. Todo el mundo conoce el papel de los otros miembros, y la aportación de sugerencias que hacéis y de cómo encararlo es admirable para mí.


Otra cosa que me fascinó, es la política democrática del grupo: el respeto y talante con el que se plantean las cuestiones interpretativas, las decisiones musicales, las técnicas a aplicar a la interpretación. Pocas veces he encontrado dentro de ONA Edicions un tratamiento tan cordial en la argumentación de las discrepancias. No puedo decir que en todos los casos de otras grabaciones, haya encontrado este nivel de comunicación tan positivo y flexible a la vez entre los miembros del grupo y que aporten tanto al crecimiento del resultado sonoro final.


Todas estas peculiaridades "litorinianas" se transmiten en un resultado sonoro de primer nivel, lejos de rigideces o eufemismos. Cuando escuchas estas grabaciones de Lítore Quartet, te parece que el saxofón se humaniza y dialoga en términos trascendentales. Es una música densa que se adentra en un laberinto de cruces, pero que parece fluir con naturalidad y trasciende la dificultad de ambas partituras cuando suena en boca de Lítore Quartet. Me atrevería a decir que son un ensemble de "riesgo" porque saben sacar belleza del peligro de la dificultad.


En el plan personal, dejadme añadir, que a pesar de la juventud de los cuatro miembros, cuando los veo y escucho, tengo la sensación de que su amabilidad y trato humano, me han acompañado toda la vida.




Lítore Quartet en ONA Estudis, Bunyola. 26 de julio de 2023


¿Cómo es grabar con un cuarteto de saxofones? ¿Qué dificultades o facilidades encuentras con esta formación a la hora de grabar?

Yo diría que el reto de grabar música contemporánea para cuarteto de saxofones, radica en el tratamiento de las dinámicas desde el punto de vista técnico. El rango dinámico es muy ancho y la amalgama de frecuencias se superponen en muchos volúmenes diferentes. Por eso, la técnica microfónica tiene que ser capaz de captar nítidamente los pasajes más sutiles con las dificultades mecánicas del instrumento, pero a la vez estar preparado para niveles sonoros altísimos en el siguiente compás. No soy partidario de grandes intervenciones de la tecnología en el momento de la grabación, tales como compresores y limitadores, ni ecualizadores, porque siempre se traducen en coloraciones no deseadas. Siempre he pensado que la mejor tecnología es la que mejor refleja la realidad. Para mí la clave está en un buen posicionamiento microfónico capaz de gestionar bien la complejidad dinámica. Y, por supuesto, tener delante siempre la partitura, para anticiparse a las sorpresas.


Tu estudio está en la misma casa en la que vives. ¿Qué ventajas y desventajas encuentras? ¿Es peligroso caer en un exceso de trabajo?

Mi experiencia en este sentido, es positiva. A esto contribuye el hecho de que la frontera entre lo que es trabajo y lo que es mi pasión, no existe. Desde que elegí el trabajo que me gustaba, es como si hubiera estado siempre de vacaciones. Adoro la música, la tecnología y compartirla con otra gente. Por otro lado, estar cerca de casa, cuando el nivel de trabajo es intenso, me permite conciliar la vida familiar más eficazmente. 


Durante nuestras sesiones de grabación en tu estudio también contamos con la ayuda de Guillem para la parte visual. ¿Cómo empieza tu relación de amistad y laboral con él?

Empezó en el entorno teatral. Me costaría mucho trabajar ahora mismo todo el tema gráfico y videográfico con otra persona que no fuera Guillem R. Simó. Tengo la suerte de que, aparte de buen amigo y generoso, es un ávido oyente de música clásica, poseedor de una vasta colección, hasta el punto que no consigo nunca descubrirle nada nuevo, porque cuando se lo muestro, él ya lo tiene, lo conoce y tiene toda la información y documentación. Es la persona ideal para las gráficas, con una sensibilidad extrema para las artes y conocedor de los lenguajes artísticos de todos los tiempos, con una gran inclinación a los lenguajes actuales. Por lo tanto, cualquier aportación a la imagen que hace, tiene siempre un cimiento argumentado artísticamente. Aparte del gran trabajo que hace en ONA Edicions Musicals en el diseño gráfico y videográfico, es admirado actor con una voz de timbre excepcional. De hecho, nos conocimos trabajando en el mismo grupo de teatro, donde él actuaba, y para el cual yo compuse muchas músicas para la escena.


Explícanos alguna anécdota que te haya pasado en el estudio de grabación y que recuerdes especialmente o/y un artista que te haya sorprendido por su calidad o su forma de trabajar.

Recuerdo en especial un trabajo de hace muchos años con Antoni Armet, que vino para producir un disco de la soprano María José Montiel para Discos Ensayo. Antoni Armet, había producido y grabado las Canciones y Danzas de Frederic Mompou interpretadas por el mismo compositor. Lo que más me sedujo fue cómo, sin tener formación musical, dirigía las sesiones de grabación, tanto en el aspecto técnico como emocional, buscando siempre la excelencia de los intérpretes y la calidad vital del momento. También la gestión que hacía del reloj y las relaciones humanas. No en balde, este disco, Modinha, fue finalista en los premios Grammy 2001. Fue un honor para mí haber podido grabar este disco, aprender del talante y humanidad de Antoni Armet y haber vivido el ambiente cordial y musical del proceso: las sesiones, las comidas, etc.

 

La exquisitez que reinó a lo largo de la semana que duró este proyecto, (y ahora viene la anécdota) contrasta con un trabajo de montaje musical que hice para una compañía de ballet, la cual a modo de inspiración me llevaron una cinta de cassette dónde para describir lo que había grabado en la cinta habían escrito: “Bolero de Rabel, de Mozart”. Todo un síntoma de la importancia de una educación cumplida y transversal, sea cual sea tu profesión.


¿Cuáles son tus objetivos como músico o productor audiovisual de ahora en adelante? ¿Qué te hace sentir motivado o ilusionado?

Mi máxima aspiración es intentar mantener un estándar de calidad en los proyectos futuros. Me preocupa ver cómo la tecnología informática, ha virtualizado procesos del mundo de la grabación que solo pueden ser orgánicos. Todo el mundo graba hoy en día, pero la cuestión es, si acústicamente con el uso abusivo de los "plugins" se cumplen unos mínimos exigibles. Esto afecta no solo al resultado, sino al camino transitado hasta el resultado. Muchos procesos del mundo de la grabación creativa que eran fruto de una interacción de los protagonistas al buscar un resultado artístico, ahora son confiados a una colección de "presets" de una aplicación de software. Y esto se nota cuando escuchas la música. La deshumanización no puede afectar el arte, porque no estoy en la línea de convertir las obras en "productos".


Lo mismo pasa con la audición de la música. Reivindico el acto de escuchar música "per se", sin hacer ninguna otra actividad a la vez. Tenemos tiempo para lo que queremos. Nadie nos obliga a, por ejemplo, freír un huevo o hacer una pizza, mientras escuchamos un disco de Lítore Quartet. Escuchar música reclama la máxima atención si la queremos disfrutar con plenitud. Y es por este motivo, que no quiero renunciar a invertir el máximo esfuerzo en la grabación del repertorio a pesar de que sea difícil en la era del “Low-Fi”.


Demasiado a menudo, la música ha pasado a un segundo plano para dar protagonismo a factores externos al hecho artístico-musical, como es ahora la imagen frívola que empequeñece la obra, la autopromoción, el anecdotismo de las redes, el postureo en definitiva. La inquietud me lleva a explorar todos los caminos nuevos y apasionantes que la ciencia nos ofrece, mientras la edad y la salud me lo permitan, pero me preocupa caer en la banalización de lo esencial, por fagocitación de lo accesorio. Mi ilusión y a lo que dedico el máximo esfuerzo, con la ayuda de las mejores tecnologías actuales, en la investigación y la calidad que ha acompañado tradicionalmente a las grabaciones históricas en los aspectos esenciales: la imagen en el arte, la música y el sonido.


Porque mi máxima es: "bien hecho, también gusta".



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