MÁS ALLÁ DE LA MÚSICA (VIII)

OCTAVA SESIÓN

22/06/2022



Después de la imparable inercia del final de curso, volvimos al trabajo sobre la conciencia corporal y las dinámicas de grupo en una nueva sesión con Carles Expósito. Esta octava jornada supuso el cierre de la primera etapa de nuestro proyecto Más allá de la música, que seguiremos desarrollando en el futuro. Nuestros resultados evidencian los múltiples beneficios del trabajo realizado durante este curso 21/22 sobre parámetros como el movimiento, la escucha o la cohesión grupal. Tras esta experiencia, aprendimos que unos objetivos diferentes a los que normalmente se fijan en el ámbito de la música de cámara son necesarios. Aspectos como sentirse a gusto tocando en grupo, cuidar nuestra salud como músicos y mejorar la presencia escénica no son tan irrelevantes como parecen mostrar los planes de estudios de la mayoría de los conservatorios.


En esta ocasión, empleamos el Scherzo de la obra Andante et Scherzo de Eugène Bozza para llevar a cabo las diferentes actividades. La primera de ellas consistía en colocarnos en los puntos más lejanos del aula sin contacto visual y “contagiarnos” de los pianos que hacían nuestros compañeros. Cuando uno, de pronto, tocaba con menos volumen, los dos compañeros más próximos debían acompañarlo en este matiz y el cuarto, el más alejado del primero, debía tocar más forte. La escucha fue esencial en este punto, ya que debíamos prestar la máxima atención posible al resto de voces y lograr una velocidad de reacción muy alta.


A continuación, Carles nos propuso una especie de juego en el que formábamos dos parejas y cada una establecía una contraseña gestual para indicarle al compañero que debían tocar más fuerte. Si alguno de la otra pareja detectaba la señal debía indicarlo, obligando así a la pareja “pillada” a tocar más piano. Tras este ejercicio, que activó nuestra atención sobre la gestualidad del grupo, intentamos tocar la obra sin ningún tipo de expresión ni movimiento. Si detectábamos en un compañero algún movimiento, debíamos imitarlo de manera exagerada durante unos compases.


Para finalizar la sesión, tocamos la pieza caminando por el aula, para así intentar regresar a la naturalidad y espontaneidad del comienzo, sin la alta concentración que necesitamos en las anteriores actividades y que, en cierto modo, condicionaba nuestra interpretación. Ahora nos sentíamos más liberados, con una mejor interiorización del trabajo previo sobre el movimiento. ¡Aquí tenéis un pequeño fragmento del resultado final de la sesión!




Gracias, Carles, por llevar nuestra música más allá de las fronteras que muchas veces delimitan las líneas de un pentagrama. Nuestra expresión tiene ahora muchas más dimensiones y el producto final no posee simplemente un interés sonoro, ya que a este se le añade el impacto visual. Respirar juntos, tener un mismo movimiento, saber comunicar e interpretar ideas… todo esto es necesario para lograr la armonía que buscamos. Sin duda, este camino nos ha ayudado a acercarnos un poco más a nuestro objetivo de ser un cuarteto de saxofones y no cuatro saxofonistas tocando juntos. ¡Hasta pronto!



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